sábado, 3 de mayo de 2014

Dyango: cuando ya no esté seguirán escuchándome


No tenía más de cuatro o cinco años. Pero a esa edad ya cantaba tangos como ninguno. Al menos en Cataluña, España, donde había nacido y su madre le inculcaba un amor incondicional por esas piezas musicales a veces trágicas, a veces románticas, pero siempre seductoras y varoniles, que solía conseguirle bajando a pie hasta el mercado del barrio y comprando los cancioneros de moda. Entre ellos, los de Gardel.
"Mientras me daba el pecho mi madre me cantaba tangos sin cesar. Y luego, ya de niño, me hacía ir a las radios e interpretarlos en competencia con otros niños. Siempre les ganaba, obviamente, porque ellos cantaban canciones infantiles y yo estos temas dificilísimos que no tenía la menor idea de qué decían pero que me sabía de memoria", cuenta divertido Dyango, reconstruyendo sus inicios como cantante masivo y popular. Y recuperando toda una vida que tuvo a la Argentina como privilegiado referente emocional tanto en ese momento como después. "Mi madre adoraba vuestro país. Y cuando me tocó triunfar y hacerme conocido aquí antes que en España estaba de los más orgullosa", recuerda.
Dyango repasa su historia y no puede evitar darles un tono melancólico a sus palabras. Y es que después de casi cincuenta años de carrera, decenas de discos editados y temas como "Corazón mágico", "Esa mujer", "A dónde vas amor" y "Esta noche quiero brandy", que lograron hacerse un lugar imborrable en el universo del pop latino y la balada romántica, decidió "colgar los guantes" y retirarse definitivamente de los escenarios. "Se terminó. Estos son mis últimos shows aquí", dictamina antes de su tercera noche en el Gran Rex y en medio de una gira nacional que lo está llevando por varios puntos del Conurbano y del resto del país.


–¿Por qué el adiós?

–Porque soy muy mayor ya. Tengo 74 años. A todo el mundo le llega el momento de decir adiós y este es el mío. Con todo el dolor del mundo y con todo el cariño y la pasión que caben porque he vivido muy bien de esto. Pero llega un momento en que te das cuenta de que empiezas a mermar físicamente. Y no en la voz sino en la capacidad de afrontar viajes y giras. El no estar con los tuyos empieza a pesarte. Uno en la vida lucha por tener una linda casa y yo la tengo en Costa Brava, pero se debe estar cayendo porque no voy nunca.
–¿La despedida, entonces, es sólo a tocar en vivo y no a seguir sacando discos?
–Claro. Seguir grabando y cantando. Pero ya no ante un público.
–¿Y cómo lo estás viviendo?
–Decir que te vas y que no tocas más se dice fácil. Pero luego hay que vivirlo y hay momentos muy duros y emocionantes de verdad. Por ejemplo, el otro día, que estaba yo cantando cuando se me vino la imagen de que nunca más iba a estar allí, y literalmente se me vinieron las lágrimas. Tuve que parar el show porque no podía continuar. No tenía voz. Y recién después de un rato pude seguir.
–¿Te preocupa extrañar más de la cuenta?
–Sí. Estoy seguro de que disfrutaré mucho el estar en casa. Tengo muchas cosas que hacer porque sigo con la música, pero también en la pintura, a la que me dedico hace bastante. Pero también sé que va llegar ese momento en que va a salir el gusanito
de la nostalgia y me va a hacer daño. Lo sé. Y ya lo estoy sufriendo. De sólo pensarlo ya me duele.
–¿Y qué vas a hacer en ese momento?
–Seguramente, consolarme en que voy a volver a vivir como la gente normal. Porque el cantante, si tuvo la suerte de girar, es por el reclamo constante de la gente. Y hay un tipo de amor específico hacia los cantantes que a veces lleva a preguntarme cómo es que se llega a quererlo tanto. El otro día en el Gran Rex mucha gente lloraba sin parar. Y yo les decía: ¡si el que se retira soy yo! (risas) Yo, de por sí, soy un cantante que ha hecho llorar con sus canciones, y ahora con esto de la despedida más todavía.
–¿Qué es lo que te deja más orgulloso de todos los años de recorrer el mundo y salir a cantar?
–El saber que cuando ya no esté, me seguirán escuchando. A todos los cantantes de muchos años siempre les va a quedar una o dos canciones para siempre; no sólo esas que le reclaman durante su carrera, sino aquellas otras que se pasan de generación en generación y vencen el tiempo.


Por su historia personal (primero como niño cantor y luego como cantante romántico que enamora, a antes que nadie, a las argentinas) Dyango tiene un especial afecto por el país: "De todos los lugares que visité, mi amor más grande lo he tenido por este país. Y mira que me quieren en todos lados. En México me adoran. En Miami también. Pero en ningún lugar me sucede lo que me sucede aquí", cuenta, feliz del afecto supo ganarse durante todos estos años de visitas continuas, siempre atento a atender a su clientela en Avellaneda, Lomas de Zamora o Ituzaingó (por nombrar apenas tres localidades de las tantas del Gran Buenos Aires que nunca dejó de visitar en todos estos años), y feliz de haber cultivado amistades como la de Roberto Goyeneche (ver aparte).

–Contaste tus inicios como cantante, pero, ¿cómo fue que decidiste hacer de esa vocación un medio de vida?

–Al principio, yo quería ser músico como mi padre. Por eso estudié violín, trompeta, guitarra. Mi madre, sin embargo, me insistía para que cante. Y le terminé de hacer caso cuando también mis compañeros de conservatorio me lo empezaron a pedir.
–Pudiste disfrutar a tu madre hasta hace muy poquito, ¿no? ¿Cómo fue tu relación en esta última etapa luego de haber sido ella tan importante para tu carrera?
–Sí, falleció el año pasado. Tenía 102 años. Era viejita pero entendía todo. La cuidábamos entre los cuatro hermanos y cada día que pasábamos con ella era la gloria. Fue hermoso ver que todavía tenía la vitalidad para cantar una canción, darte la mano, ofrecerte un consejo. Para nosotros, que llegáramos a disfrutarla de tan grandes, era una bendición.
–Para tu madre, que escuchaba Gardel prácticamente al mismo tiempo que surgió, debe haber sido muy emocionante que lograras ser reconocido en la Argentina antes que en ningún otro lugar...
–Sí, fue uno de sus grandes orgullos. Piensa que ella fantaseaba desde muy joven con Buenos Aires y que yo, con 22 años, pude firmar un contrato con la RCA Viktor y hasta ganar un disco de oro. Eso fue toda una conmoción en mi casa. Porque no me conocían en mi país, pero aquí ya me iba como un cantante profesional.
–¿Y cómo fue criarse en la posguerra de la Guerra Civil Española?
–Difícil y muy feliz a la vez. Comíamos pan negro, como conté en una canción, y a tomar por saco. No nos sobraba nada pero estábamos bien. Tenía la pelota de trapo, los amigos, el olor del barrio.
–Cuando mirás para atrás y revisás tantos recitales ofrecidos y discos grabados, ¿qué cantante ves?
–Creo que soy un cantante de poca voz y no muy agradable, pero eso sí: de gran sentimiento. Al punto de que estoy seguro de que nadie puede cantar con tanto sentimiento como yo. Y no es pedantería. Soy músico de jazz, he estudiado y entiendo de música. Y sé que difícilmente alguien pueda cantar de la manera en que canto yo. Dios me dio ese talento y yo simplemente lo puse en práctica.
Goyeneche, ese gran amigo tanguero
–¿Goyeneche fue tu gran amigo del tango en la Argentina?
–Sí. Por eso siempre hago una mención al Polaco en mis shows. Recuerdo que cuando llegué por primera vez en el '68 lo primero que hice fue ir a verlo. En España, antes de venir, ya me habían dicho que tenía que ir a ver a uno que le decían “el Polaco”, que era el mejor. ¡Y joder! ¡Así era!
–¿Cómo fue ese primer encuentro?
–Muy cordial. Yo me acerqué y me presenté: “Buenas, soy Dyango”. Y le conté de la gran impresión que me había provocado. El me escuchó con respeto. Y poco a poco nos fuimos haciendo amigos.
–No pasó mucho tiempo hasta que empezaron a salir “de farra” juntos, ¿no?
–Sí, salíamos a recorrer la noche. Muchas veces lo acompañaba en toda la recorrida que tenía que hacer para tocar varias veces por noche. A veces, incluso, en cabarets de mala muerte. Por eso soy de los que creen que en vida no tuvo el reconocimiento que merecía. Que no le hacían el caso suficiente.
–¿Y cuándo terminaban aquellas noches con el Polaco?
–Cuando su mujer, Luisa, a quien le mando un gran recuerdo, nos recibía cuando volvíamos de madrugada. El cabronazo la hacía levantarse a las cuatro de la mañana para hacerle un cafecito (risas). Una santa Luisa. Y muy bonita también.


Messi, el futbolista más querido

Fanático del Barcelona Fútbol Club que no vive sus mejores momentos (tampoco los peores) luego de verse eliminado de la Champions League, Dyango tiene una especial adoración por Lio Messi, estrella mimada del Barca y figura central de la Selección Argentina.


–¿Cómo ves a España y Argentina para este Mundial?


–Como sabes, soy catalán y no tengo selección. En lo particular me gusta cómo está formada la Selección Argentina y considero que Messi continuará siendo una estrella más allá de cualquier resultado final. Es más: seguirá siendo el mejor de la historia.
–¿Mejor que Maradona?
–Sí. Y eso que yo era de los que creía Maradona era insuperable. De hecho soy amigo de Diego. ¡Pero joder! ¡Messi nos ha hecho vibrar tanto! Por eso, yo le diría a los argentinos que no se obsesionen tanto con el Mundial que es un torneo totalmente arbitrario que lo puede ganar cualquiera. ¡Está demostrado! Puede ganarlo Argentina como Brasil como España o como cualquier otro país. Y, aún así, Messi seguirá siendo el mejor de todos los tiempos. Sería muy injusto, una barbaridad, que la consideración popular sobre Lio dependiera de eso.


RECITAL
Dyango se presenta mañana a las 21:30 hs. en el marco de su gira Gracias y adiós tour. Teatro Gran Rex, Corrientes 857. Entradas desde $ 150.

La gira de despedida
Durante mayo el cantante estará e 6 de mayo en Río Cuarto, el 7 en el Espacio Quality de la capital cordobesa, el 8 en Lomas de Zamora, el 10 en Catamarca y el 11 en La Rioja. El tour ya pasó por San Juan, Mendoza, Rosario, Mar del Plata, Córdoba capital, San Francisco, Córdoba, Corrientes, Santa Fe. Además realizó dos recitales en el escenario del Gran Rex donde vuelve mañana